Oct
4
I once had a girl, or should I say, she once had me… / She showed me her room, isn’t it good, norwegian wood? / She asked me to stay and she told me to sit anywhere. / So I looked around and I noticed there wasn’t a chair. / I sat on a rug, biding my time, drinking her wine. / We talked until two and then she said, “It’s time for bed”. / She told me she worked in the morning and started to laugh. / I told her I didn’t and crawled off to sleep in the bath. / And when I awoke, I was alone, this bird had flown. / So I lit a fire, isn’t it good, norwegian wood.
– The Beatles. ‘Norwegian wood‘ (album ‘Rubber soul’). 1965.

Así es como empieza ‘Norwedian wood’ -conocida por este lado del mundo como ‘Tokio blues’-, la novela de Haruki Murakami que acabo de terminar de leer. Murakami es un escritor japonés que desde esta novela eleva todas sus obras a la categoría de best-sellers, tanto dentro como fuera de su país. En particular, ‘Tokio blues’ comienza con Toru Watanabe, un hombre de 37 años protagonista de la novela quien, aterrizando en el aeropuerto de Hamburgo, se ve trasladado veinte años atrás al ritmo de la canción ‘Norwegian wood’ de Los Beatles. Desde ese momento y hasta el final de la novela, Watanabe narrará en primera persona su crecimiento emocional durante los últimos años de su adolescencia en el Japón de los años 60, y la influencia que en ese proceso tuvieron personajes como Naoko, Kizuy, Hatsumi o Reiko, personas todas ellas que se perdieron, a las que en algún momento de sus vidas se les aflojó algún tornillo.
‘Tokio blues’ es una historia muy triste, conmovedora y cargada de melancolía -vamos, genial!- que trata sobre la soledad, la fragilidad de la vida, la búsqueda de un lugar propio en el mundo y sobre la angustia y desesperación de quienes, anclados en el pasado, son incapaces de encontrarlo. A lo largo de toda la novela la muerte, sobrevolando entre todos los personajes, el amor y el sexo se entrelazan una y otra vez en una historia que engancha hasta la última página. Seguro que la descripción no les deja indiferentes. Para los que ya estén deseando leerla, si les sirve de estímulo -a mi sí; uno que es simple-, sepan que para el 2010 habrá versión cinematográfica del libro -¡y no olviden que ya es inminente la llegada a los cines del ‘Ensayo sobre la ceguera’!-. Dada la temática del libro, perfectamente podría dirigirla Isabel Coixet, pero no, según El País en este caso es Anh Hung el encargado de dirigir la película.
A mi me ha gustado mucho, aunque hay opiniones bien diferentes -tenga o no razón este hombre en lo que dice, la forma de decirlo es toda una parodia del gremio de los críticos profesionales-. Ahora la duda es si ir a por otro de Murakami -¿’Sputnik, mi amor’ tal vez?- o si intentarlo con el ‘Saber perder’ de David Trueba, o el ‘Creía que mi padre era Dios. Relatos verídicos de la vida americana’ editado por Paul Auster, ambos recomendados por Jesús. Si tienen algo que sugerir no lo duden. A la vista de los últimos posts ya se harán a la idea de que cosas me atraen.
Miré (Watanabe) a Reiko a los ojos. Estaba llorando. En un impulso, la besé. Al pasar, la gente nos miraba con curiosidad, pero a mí no me importaba. Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.
Oct
4
Fenomenal interpretación de Enrique Bunbury y Nacho Vegas de la flamencada de Bambino que por pura casualidad me ha descubierto el buen Jesús esta mañana. Fantástica para momentos especiales. No me digan que no.
Bravo, te vuelvo a repetir, por tus falsos e infames juramentos.
Todo aquello que te dí en nuestra intimidad, tan bello,
¿quién me iba a decir, que lo habrías de volcar en sufrimiento?
Te odio tanto, que yo mismo me espanto de mi forma de odiar.
Deseo que después de que mueras, no haya para ti un lugar.
El infierno es un cielo comparado con tu alma.
Y que Dios me perdone, por desear que ni muerta tengas calma.
Oct
2
‘Al final del día sólo queda el trabajo realizado‘. Parece ser que esto lo decía María Callas, aunque no personalmente a mi. A mi quien me lo recuerda muchas veces es mi bien querido no a todo. Y es que últimamente me pasa mucho esa frase por la cabeza. Cada día madrugo más -aunque mucho menos que la mayor parte de currantes-, mis jornadas laborales son intensas -entiéndase en comparación con lo que suele ser habitual en mi- y las noches se me volatilizan -por compromisos varios, pero particularmente por un libro del que pronto les contaré algo y que me ha enganchado-. Muchos habrán notado mis ausencias, y ya no solo en el blog. Sean comprensivos. Pero no crean que me quejo. De hecho todo marcha bastante bien, y estos meses próximos, como poco, van a ser movidos, interesantes y quien sabe si con erótico resultado.
Entretanto sigue habiendo tiempo para el ocio, como el finde pasado por Londres. No les daré la chapa con un pesado informe, que más que probablemente hará mucho mejor que yo nuestro winde, aprovechando que él y su consorte también andaban por allá. Yo me centraré en hablar de obviedades, que es lo que a mi de verdad me tira.
No era mi primera vez en Londres, menos aun en Inglaterra, aunque sí que ya habían pasado años desde la última vez. Pero amigos, se confirma que algo en mi cabeza, quién sabe si a causa de alguna región de cerebro presionada por quién sabe qué, o simplemente a causa de mi excelente criterio, tiene algo en contra de Inglaterra. Nunca me gustó y sigue sin gustarme -sí, Norwich me gustó mucho; es la única excepción-. Soy particularmente crítico con Londres, en parte porque las enormes ciudades no son santo de mi devoción -menos aun las sucias, caóticas e invadidas por señores porcinillos y bloques y más bloques de ladrillo rojo-, en parte como reacción al descontrolado fervor que derpierta en algunas personas que entregarían su alma en usufructo a cambio de un trabajo y alojamiento londinense -sí, ese lugar del que estos días yo sólo pensaba en salir corriendo; con mi acompañante anónimo, entiéndase-.
Ahora bien, al Cesar -o la Reina de Inglaterra- lo que es del Cesar. Londres es una enorme ciudad, y como tal tiene ventajas; en particular, una oferta cultural y de ocio interminable y para todos los gustos y estados de ánimo. Nosotros, que somos pobres, sólo fuimos a ver el musical de ‘El Rey León‘. Visualmente es muy muy original. Me gustó. Pero me quedé con ganas de más. Sin ir más lejos, por ejemplo, del musical de ‘Billy Elliot‘. Y es solo un ejemplo.

¿Pero saben que descubrí? Que Londres está a hora y media larga en vuelo directo desde A Coruña. Vamos, lo que se tarda en llegar a Vigo en tren, o en coche si el conductor es mi padre. Vaya descubrimiento, ¿qué no? Desde hoy me propongo trabajar duro para amasar un buen puñado de pasta y permitirme esos paseos mochila en mano cuando me apetezca. A ustedes, los que gusten, claro, les invito a irse a vivir allí para alojarme y sacarme de paseo siempre que me acerque.
Sep
22
¡Vaya sorpresa me he llevado hoy mientras inspeccionaba mi basura personal! Como ya he dejado caer en el post previo, en pocos días andaré de paseo por Londres. A cuento de ello, hace unas pocas horas caí en la cuenta de lo conveniente que sería acercase por un banco en busca de un puñado de libras. Una cosa llevó a la otra, y más como excusa para huir del trabajo en el que estaba inmerso que con el fin de encontrar ninguna suma de dinero significativa, se me ocurrió abrir -años después desde la última vez- mi viejo bote cacahuetes. Es desde hace muchos años el depositario de restos de monedas de todo tipo, básicamente de media tonelada de pesetas, pero también de algunas sobras de las visitas a países fuera de la zona Euro. Pues fíjense que no había solo monedas. Fajos enteros de billetes había. ¡Un botín entero!

Casi 50 75 librazas inglesas, poco más de 100 dolarazos americanos y unos 65.000 rialazos iranies. ¡Un capital, oigan! No lo olviden. Inspeccionen su basura periódicamente. Nunca se sabe lo que allí pueden haber olvidado.
Sep
14
¡Post 600! ¡Oeoeoe! xD Como saben, he pasado algo menos de una semana en Alemania, una país bien grande y a tiro de piedra, pero en el que nunca antes había estado. Han sido unos 4/5 días en Aquisgrán, una pequeña ciudad (250.000 habitantes) ya casi metida en Luxemburgo Bélgica, una mañana y tarde callejeando por Colonia, ciudad bastante más grande (1.000.000 de habitantes) -y, parece ser, capital gay de Alemania-, y unas pocas horas por estaciones de tren y por el aeropuerto de Düsseldorf (550.000 habitantes).
Fíjense que me despertaba a mi escaso interés Alemania, pero miren por donde, me ha encantado. Puedo decir aquello de ‘pues no me importaría tener que vivir aquí una época‘ -en Aquisgrán-, cosa que, hasta donde me llega la memoria, sólo recuerdo haberlo pensado de Uppsala y Norwich. Pero no, no hay nada que celebrar, solamente son primeras impresiones, no se me ha perdido nada en esos sitios y, lo más importante, A Coruña -Galicia en general- es lo mejor. Sistemáticamente me pasa que en las maniobras de aterrizaje en Alvedro, cuando el avión recorre la costa desde Ferrol en un día despejado, me sorprendo con toda la belleza que por aquí tenemos y a la vez me hincho de orgullo mirando de reojo a los madrileños que tendrán que volverse en el avión de la noche. ¿Soy al único que le ocurre?
Como siempre, no me voy a complicar a explicar lo que las guías de viaje saben hacer muchísimo mejor, no les aburriré con fotografías que tienen todo que envidiar a las que hay disponibles en Panoramio o en Flickr, ni tampoco les castigaré con un interminable diario de viaje. Simplemente unas pocas anécdotas e impresiones, mayoritariamente chorradas:
- ¡Que bonito el aeropuerto de Düsseldorf! Sobre todo el sistema de conexión entre terminales, aparcamientos y estación de tren: una especie de teleférico -el Skytrain le llaman- que atraviesa un largo recorrido verde y por el que circulan de un lado a otro cápsulas de cristal colgantes con capacidad para unas 20 personas. Aunque no le hacen justifica, algunas fotos por aquí.
- ¿Buscando por la ciudad o por el aeropuerto iconos en forma de tren para localizar la estación más próxima? Pues no hay. En su lugar hay indicaciones con el par de letras DB (Deutsche Bahn), es decir, ferrocarriles alemanes. Ese pequeño misterio y el SMS de Vodafone dándome la bienvenida a Holanda mientras yo iba en un tren que suponía -y finalmente así fue- con destino Düsseldorf, fueron los momentos de mayor confusión durante el viaje.

- No es exclusivo de los alemanes, pero con esos aires nórdicos que tienen y dada la tremenda cantidad de gente guapa que por allí circula, la vida del transeúnte se complica al no saber a donde dirigir la mirada. Es un viaje al mundo de Bel Ami, con todo lo que ello implica.
- En las interacciones que he tenido, los alemanes me han parecido gente muy amable y educada. En concreto, me llamó la atención lo exageradamente respetuosos que son los nativos, sean éstos de la edad que sea, con los pasos de peatones. El centro de Aquisgrán, que es por donde más he callejeado, se estructura en torno a su catedral, con muchas calles estrechas de adoquines con escaso tráfico. Prácticamente calles peatonales de esas donde ningún español -me incluyo- esperaría nunca por el semáforo para cruzar. Pues oigan, estos germanos esperan religiosamente. Amazing!
- Callejeando por Aquisgrán uno no para de descubrir esculturas la mar de simpáticas, algunas céntricas, otras en los rincones mas insospechados. Es solo uno de los muchos pequeños detalles que dan un punto fascinante a las calles del centro de Aquisgrán. La catedral, las flores, las terrazas, la fuentes, las fachadas…

- Durante el fin de semana todo el centro de Aquisgrán estaba tomado por una feria de artesanía que parecía sacada de un cuento y que aun le daba un aspecto más especial a la ciudad. Les dejo algunas fotos de lo que allí se vendía que dan cierta idea de lo cucos que son estos alemanes. Como diría No a todo, ¡otra raza!

- Además de la artesanía, también había puestos con las míticas salchichas y con otro producto que todo el mundo comía pero que del que no conseguí averiguar su nombre. Una especie de fritanga, creo que a base de cebolla. Dejo la foto del que yo me comí por si alguien me ayuda a darle nombre.

- Por desgracia, aparte de unos pocos dulces, no dispuse de tiempo ni apetito para disfrutar de las especialidades culinarias alemanas. Eso sí, pude constatar que los McFlurry’s saben diferente, y lo que es peor, en lugar de M&M’s tienen Smarties, ¡y los ponen enteros! No iban a llevarnos ventaja en absolutamente todo, ¿no?
- Lo cual me trae a la mente dos de los temas estrella de este blog: la caca y el pis. Hasta en ese asunto nos llevan ventaja. Bueno, exagero; me llamó la atención, pero sólo lo vi en mi hotel (por cierto, el Benelux, que les recomiendo totalmente). Se trata de un ingenioso diseño de taza en dos etapas que evita las incómodas salpicaduras: el ‘foso’ de agua desaparece del punto central de evacuación, que pasa a estar ocupado por una pequeña superficie cóncava que aloja una mínima cantidad de agua. Simple y efectiva tecnología alemana.

- El congreso bien. Gente listísima como ya suponía. La anécdota para la posteridad, el chino que tres veces tres se quedo dormido durante las presentaciones, empezando a roncar desmesuradamente, con el consiguiente descojone de todo el auditorio y su despertar sobresaltado. Por lo demás, no creo que les interese que les de la paliza con las cosas de las que allí se hablaron.
- Y finalmente, Colonia. Está bien, pero a mis ojos es yet another gran ciudad. Ya que es su principal atracción, me recorrí con calma su catedral, le hice las fotos que me fueron encargadas a los restos de los Reyes Magos, y como hago siempre, subí a la torre. La típica ascensión de la que uno de arrepiente a los 200 escalones. Siempre me pregunto que dispositivo se montaría si a alguien le da un paraflús en medio de la subida -cosa que me parece de lo más factible que pueda ocurrir-. Después, tocó callejear todo el centro turístico, fotos y más fotos… lo típico. Una ciudad más. Nada que ver con la bonita Aquisgrán.
Fin del informe. Por supuesto, ‘perdí’ un par de postales, pero de eso ya habrá post cuando corresponda. Y en dos semanitas de nada toca Londres, donde tengo una cita para tomar el té. Ya será la tercera visita a una ciudad que de entrada no me gusta especialmente, y a la que encima tengo bastante estigmatizada por mi animadversión a ciertos perfiles de personas que precisamente la idolatran, pero oigan, esta vez me apetece mucho ir. Si es menester, ya se contará aquí lo que haya que contar.
Sep
13
Otra de las cosas que tenía pendientes por hacer a la vuelta de Aquisgrán era una tarta de queso. Ya hace algún tiempo publiqué por aquí la receta para una tarta de queso fresca, pero la correspondiente versión horneada aún nunca la había intentado. Aprovechando pues la receta que Ana me pasó la semana pasada, me he puesto a ello esta tarde y, como pueden ver más abajo, ha quedado algo bastante aparente. Eso sí, salvo que sean familia numerosa, personalmente yo les recomiendo dividir por dos los ingredientes.
Citando directamente la receta de Ana, los ingredientes son: 6 huevos, 6 ‘quesitos’, 2 yogures naturales, 2 vasos de yogur de nata líquida, 2 vasos de yogur de azúcar, 2 vasos de yogur de harina y algo menos de 1 vaso de yogur de leche. Para prepararla, simplemente deben mezclar todos los ingredientes con la batidora y verter el resultado en un molde previamente untado con mantequilla y galleta molida (o harina). A continuación, basta con que la horneen a 180 grados durante unos 30 minutos y, una vez completado el proceso, la cubran con una finísima capa de mermelada previamente calentada. El resultado lo pueden ver a continuación.

Sep
13

Después de la semanita de congreso, regresaba a media tarde de ayer a A Coruña con una mezcla de hambre, sueño, cansancio, y gracias a la eficacia de Iberia, liberado de equipaje con el que cargar -afortunadamente ya está localizado y de camino a casa-. De las primeras cosas que hice fue pasarme por la librería a recoger mi pedido de ‘La amaba’ (Je l’aimais), la que fue la primera novela de la escritora francesa Anna Gavalda, y que hace un par de semanas me había propuesto leer.
Pues bien, ya la he terminado. Me ha encantado, más aún que la colección de relatos ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’ (Je voudrais que quelqu’un m’attende quelque part). La novela -muy cortita- consiste en un diálogo ininterrumpido entre su protagonista, abandona de forma inesperada por su marido, y su todavía suegro, introvertido y presuntamente arrogante, durante un fin de semana en el que ambos se retiran a la casa de campo familiar. A través de este diálogo, plasmado usando el lenguaje sin más descripciones y adornos que los elementales que caracteriza a Anna Gavalda, la novela entremezcla las vivencias personales de suegro y nuera, y en base a ellas explora la maraña de emociones que surgen en torno al amor y el desamor, llegando a transmitir y emocionar.
La contraportada la define de la siguiente forma: [...] ‘La amaba’ es una novela alegre y triste a la vez, un fragmento de vida, una punzante historia de amor contada con la eficacia y la capacidad de observación que caracterizan a esta deslumbrante figura de las letras francesas. A través de un diálogo conmovedor, Anna Gavalda nos habla de nuestras vidas, nuestras dudas, nuestras renuncias, y también de nuestras esperanzas, nuestra ironía y nuestra ternura. En fin, salvo que el amor les haya propinado abolladuras recientes -el mensaje no es pesimista, pero tampoco es cuestión de ser masoquista-, deberían de darle una oportunidad.



















